Los anuncios televisivos
utilizan diferentes códigos de manera que se produzca un efecto que posibilite
su rápida transmisión al receptor. Los
niños son los grandes explotados por la publicidad televisiva. Se trata del
público más indefenso ante la persuasión publicitaria debido a su ingenuidad. Los
fabricantes de juguetes ganan millones cada año por lanzar al mercado sus
productos destinados a niños.
Además, la publicidad
televisiva proyecta estereotipos relacionados a aspectos raciales, sociales,
culturales, sexuales, así como también hábitos alimentarios. Continuamente vemos
en televisión anuncios de comida rápida que se hacen apetecibles hasta a los
adultos, muchos de ellos sugieren la compra de galletas, chucherías o la promoción
de restaurantes de comida rápida. Ese excesivo número de comerciales que
sugieren alimentos, tiene su parte relacionada a la obesidad infantil.
Por otra parte, la
exagerada representación de imágenes corporales "perfectas" puede
contribuir al problema de la anorexia sobre todo en adolescentes, debido a la
ansiedad que provoca. Aunque parece increíble, ya se comienzan a dar casos de
niñas con esta enfermedad que por ejemplo han dejado de comer porque quieren
estar guapas para su comunión. ¿Cómo puede estar ocurriendo esto?
Más
de la mitad de la publicidad contiene información errónea, engañosa o ambas,
pero que los niños creen como verdadera. De tal manera que, la televisión no solo
ofrece sino que impone experiencias, condicionamientos a nuestros niños pues
ellos son el principal blanco hacia el cual van dirigidos la mayoría de los
anuncios comerciales.
Cuanto más involucrado
está un niño en la cultura de consumo, más probable es que sufra depresión,
ansiedad u otros problemas emocionales o psicológicos. Muchos de los niños a
los que se dirigen todavía no han desarrollado la habilidad de ser críticos y
resistirse al poder de persuasión de los anuncios. por ello, cuando tenemos la oportunidad de estar con un grupo de pequeños nos damos cuenta que todo lo que cantan, juegan y quieren aparece en la televisión. Los niños aprenden de lo que ven y son grandes imitadores de personajes o dibujos que aparecen, al observar a los niños atentamente podemos ver los comportamientos y valores que aprenden si se hace una mal uso de la TV.
Para solucionarlo, es necesario controlar
mejor el acceso de los infantes a la televisión. Ellos son los grandes perjudicados
y nosotros tenemos el poder de evitar estas situaciones. Somos los adultos
quienes tenemos debemos decir “no” y limitar la exposición a la publicidad
de los más pequeños. Hagámoslo para que un medio que podría resultar beneficioso en su aprendizaje no se convierta en un gran destructor.

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